Blanca G.

Blanca se casó en abril, en una iglesia diminuta del pueblo donde creció. Había en ella una mezcla serena de dulzura y contención, una elegancia silenciosa que parecía heredada de otra época.

Para su vestido diseñamos un cuerpo texturizado de líneas puras, mangas limpias con un delicado fruncido en los puños, y un escote asimétrico que flotaba con naturalidad sobre los hombros. La falda, en capas invisibles, aportaba ligereza y movimiento sin imponerse.

El velo, largo y vaporoso, cerraba un conjunto pensado para acompañar su forma de estar: íntima, auténtica y sutilmente luminosa.

«Desde el principio, tuve claro que el vestido de Blanca tenía que hablar de ella. Hay una elegancia muy tranquila en su manera de estar, una delicadeza que no necesita llamar la atención, y eso fue lo que quise reflejar” cuenta Alex. 

As seen in Telva

📷 Fotografía: Alejandra Ortiz