El vestido de Laura es uno de esos proyectos que se quedan en el corazón. Durante el proceso supimos que estaba embarazada, y ese pequeño gran detalle lo cambió todo: su vestido debía abrazar dos vidas al mismo tiempo.
La boda tuvo lugar en un pequeño pueblo del norte, frente al mar. Un entorno natural, sereno, cubierto del verde suave de Asturias, que combinaba a la perfección con la ligereza del vestido: una mezcla de texturas orgánicas en tonos marfil, pensadas para moverse con ella.
El diseño se construyó a partir de un juego de drapeados artesanales que enmarcaban su figura sin oprimirla. Las mangas abullonadas y el escote en la espalda aportaban personalidad, mientras una capa etérea completaba la silueta con movimiento y sutileza.
Cada línea del vestido hablaba de su momento: íntimo, luminoso y profundamente especial. Un vestido hecho para celebrarla.
As seen in Vogue
📷 Fotografía: Mercedes Pérez